Está empezando a asomar el Sol y al palparnos la cara, nos damos cuenta de que no viene solo. No estoy hablando del efecto que causa en la piel, que hace que algunos se vean bronceados y recién llegados del caribe y otros nos veamos colorados al mejor estilo “palito de la selva”, tampoco estoy hablando de la humedad que en general acompaña al sol y al calor y que hace que la gente que no tiene el pelo “como Dios manda” lo tome como un problema al que hay que encontrarle una solución o que hasta hay que prevenir (es muy posible que algun dia lleguemos a tener libros, programas de television y hasta institutos de “cuidados del pelo frente a la humedad”); sino que estoy hablando de los recuerdos que aparecen en nuestras mentes como si se produjera un traslado mental parecido al traslado físico que se produce en una frenada brusca del subte.
En mi caso, lo primero que se me viene a la imaginación en una tarde soleada, son imágenes de cuando faltaba algún profesor en el colegio y teníamos hora libre. Sobre todo en el último año del colegio, donde la única diferencia entre las horas libres y las que teníamos clases eran de forma y de ley. En las horas libres nos encontrábamos tirados al sol en el piso del patio mientras que en clase nos tirábamos dentro de los bancos, tratando de llegar al punto en el que la parte superior del respaldo se nos clavaba en la nuca – dolorosa pero encontrada sensación. La otra diferencia era la reacción del responsable a cargo al ver un objeto contundente de material como arenoso pero compacto volando hacia la frente de la más inocente del curso, la que no molestaba a nadie – siempre dependiendo de la puntería de nuestros tiradores.
Si logro dejarme llegar un poco más profundo en mi cabeza, rescato las mañanas soleadas de los sabados (mañanas de CAM.RE.VOC) en la edad en que todavía no salía de noche hasta tarde- menos los viernes – y aprovechaba los sabados a la mañana, en mi humilde opinión el mejor momento de la semana.
Cabe recordar que en general, uno también relaciona el calor con las vacaciones de verano, definitivamente la época más esperada del año por la mayoría de las personas y también la época de mayor ocio y diversión. Es más creo que a veces hasta me parece recordar esa brisa de ciudad de playa que nos hace escuchar como un sonido sordo el vaivén de las olas del mar… (como carajo es un sonido sordo??!!).
En fin, bienvenido sea el sol.
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